Notable y ejemplar

Don Vasco de Quiroga es mejor conocido como TataVasco[1]. Falleció el miércoles 14 de marzo de 1565[2].

Murió agotado y cargado de años, luego de una vida ejemplar de intenso trabajo en favor de muchos[3].

Vasco de Quiroga, licenciado en derecho y primer obispo de Michoacán, es una de las más notables personalidades del siglo XVI novohispano, sobresaliendo como un gran humanista.

Nunca perteneció a una orden religiosa. La afirmación es oportuna para dejar claro que fue un laico -cristiano corriente de su tiempo-, que desde esa condición fue luego nombrado  obispo. Mantuvo una mentalidad secular a lo largo de toda su vida y sobresalió por su mentalidad laical en el ejercicio de su profesión de abogado, juez, oidor e incluso como  obispo.

Destacó por su vida ejemplar al vivir heroicamente todas las virtudes cristianas, entre las que destacan su fe en Dios, su caridad inagotable, su actuación como hombre prudente con gran sentido de la justicia, que ejerció la fortaleza de modo ejemplar en muchas situaciones de su dilatada vida de trabajo hecho con perfección, llevando una vida sobria y templada.

Como  obispo, fue notable por su intenso y organizado trabajo pastoral, lleno de celo por las almas, cuyos efectos son palpables hasta el día de hoy. Se distinguió por su rara habilidad para convertir a los infieles. Supo descubrir los talentos de cada persona y pueblo, siendo un animador entusiasta de las iniciativas humanas.

Falleció en olor de santidad y su fama de hombre santo se mantiene hasta el día de hoy entre personas de toda clase social e incluso de diversa y opuesta ideología. En definitiva, estamos ante un hombre ejemplar, que logró con gran eficacia la trasmisión e inculturación de la fe.

Quienes lo conocieron y trataron coinciden en que en su vida diaria supo vivir las virtudes en grado heroico. De los muchos testimonios que disponemos, se pueden destacar algunos de sus contemporáneos. 

Sobresale el parecer de Fray Juan de Zumárraga, primer Arzobispo de México, quien en Carta que en 1537 envía al Rey Carlos V de España con ocasión del nombramiento de Vasco de Quiroga como primer  obispo de Michoacán, le dice: «De la elección que S.M. hizo en la persona del licenciado Quiroga para Mechuacán tengo por cierto y siento con muchos que ha sido una de las acertadas que S.M. ha hecho en estas partes para llevar indios al Paraíso, que creo que S.M. pretende más esto que el oro y plata. Porque crea que al amor visceral que este buen hombre les muestra, el cual prueba bien con las obras y beneficios que de continuo les hace y con tanto ánimo y perseverancia, que nos hace ventaja a los prelados de acá»[4].

Muy significativo también es el testimonio que proviene de don Manuel Flores, primer Deán de la Catedral de México, contemporáneo deVasco de Quiroga, quien afirma que: «tiene por muy cierto y cree piadosamente que el licenciado Quiroga jamás advertidamente hizo obra que fuese pecado mortal, y que era tan atento al servicio de Dios y cumplimiento de su ley y consejos evangélicos que le parecía no había Religioso en estos reinos ni en otros que le hiciese ventajas en vivir religiosa y perfectamente»[5].

Otro testimonio de aquél tiempo es de fray Bernardino Vázquez de Tapia, quien desconociendo la mentalidad laical, pero pretendiendo alabarlo sin hacerle ningún favor, se refiere al Licenciado Vasco afirmando que«más servía para fraile que para oidor y juez»[6].

Sus compañeros de trabajo -los integrantes de la Segunda Audiencia-, que lo conocen como laico, licenciado en derecho, que desempeña su trabajo profesional en su puesto de Oidor y Juez dicen «el Licenciado Quiroga (…) es hombre virtuoso, buen cristiano y muy celoso del servicio de Dios»[7].

Cuenta su primer biógrafo, Cristóbal Cabrera -quien vivió junto a don Vasco poco más de diez años-, la impresión que tenían los indios de Vasco de Quiroga, por su bondad y los favores que les hacía. Así dice: «Quedaron los nativos tan impresionados con todos esos favores, que no cesaban de admirar la bondad y liberalidad del Obispo. Su amor hacia él aumentaba de día en día, mientras este piadoso Pastor y padre a su vez, cual otro San Pablo, los llevaba a todos en sus entrañas hasta ver a Cristo formado en ellos (Gálatas 4, 19)»[8].

También Cristóbal Cabrera, refiere la fama de santidad que tenía ya en vida entre los indios: «Cuando aquellos innumerables indios –ya instruidos en la fe y bautizados– volvían a sus casas y daban a conocer a otros indígenas infieles la bondad y nobleza, la compasión y generosidad del Obispo, la fama de este celebérrimo varón cundía por todas parte llegando hasta regiones y fracciones distantes, y de tal modo se divulgaba de boca en boca, que muchos indios, humanos y bárbaros, a los que ningún ejército había podido dominar, sujetar o vencer, tan sólo por la fama de este santo Obispo, espontánea y libremente acudían y se acercaban a él, dando grandes muestras de regocijo. Yo mismo fui testigo de cómo estas multitudes de nativos venían a buscarle»[9].

Juan de Grijalva refiere el celo con el que Vasco de Quiroga reemprendió su trabajo pastoral, al regresar de España luego de hacer unas gestiones en la Corte a favor de los naturales, afirmando: «cuando volvió de España para dar asiento a las cosas de su Iglesia, lo hizo con una gran santidad y perfección que en ninguna cosa le hayo inferior a aquellos Santos Padres antiguos que gobernaban la Iglesia en sus principios»[10].

Otros personajes del siglo XVI hablaron a favor de la vida ejemplar de Vasco de Quiroga. Disponemos de testimonios de Bernal Díaz del Castillo (1492-1581), Pedro de Villela, corregidor del pueblo de Chilchotla, Juan Martínez, Teniente de Alcalde Mayor de Pátzcuaro, Francisco Ramírez, S. J., Cronista de los Jesuitas (1552-1630), Alonso Zorita (1511-1585) y Fray Juan de Medina Rincón, O.S.A. (1530-1588).

En los siglos diecisiete y dieciocho son muchos los que, por haber escuchado de otros o leído algo sobre Vasco de Quiroga, expresan que fue un hombre ejemplar que hizo mucho bien. Destacan las menciones que hacen Francisco Arnaldo de Yssasi, Canónigo (1610-1663), Fray Alonso de la Rea, OFM, (1600-1646), Fray Diego de Basalenque, OSA, (1577-1651), Francisco de Florencia, S.J., (1619-1695), Fray Isidro Félix Espinoza, OFM, (1679-1755), Fray Matías de Escobar, OSA, (1690-1748), Francisco Antonio Lorenzana Buitrón, Arzobispo de México, (1722-1804), Fray Manuel González de la Paz, OSA (1755), Juan Joseph Moreno Pizano, (1730-1820), Fray Pablo Beaumont, OFM, (1710-1780), Fray Francisco de Ajofrín, Cap., (1719- 1789), Pedro Sarmiento, S.J. (1742).

En el siglo XX surge un gran interés en la persona y obra de don Vasco de Quiroga que conduce a la publicación de un buen número de biografías, estudios y publicaciones.

Es muy elocuente el elogio que San Juan Pablo II hizo de don Vasco en 1990, con ocasión de su segunda visita pastoral a México. «Diversas figuras, llenas de profundo espíritu de fe y de gran valor humano, pueden servirnos de guía para la renovada evangelización a la que ha sido llamada la Iglesia en América Latina. Recordemos por ejemplo a don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán. Desarrolló su misión episcopal como auténtico padre de los tarascos, por lo que aún se le llama con cariño “Tata Vasco”. Con afecto de padre se entregó enteramente a la educación y promoción de los fieles que el Señor le había encomendado; sus “hospitales” eran mucho más de lo que hoy indica ese nombre, porque incluían escuelas, talleres, almacenes e instrumentos de labranza, etc. Aún hoy día podemos apreciar la herencia cultural y cristiana de su heroica labor misionera y civilizadora a favor de las poblaciones michoacanas. He aquí un modelo de evangelizador, digno de un puesto de relieve entre los grandes pioneros de la acción misionera»[11].

Ante la inveterada fama de santidad sostenida por personas de toda clase y condición, pues desde antiguo y con arraigo hay la convicción de que fue un hombre ejemplar, el Arzobispo de Morelia, don Alberto Suárez Inda decidió que sería conveniente mostrarlo como un modelo imitable de santidad tanto en su condición de laico como en su misión episcopal. 

De este modo la Arquidiócesis de Morelia abrió el día 10 de noviembre de 1997, en la Basílica de María Inmaculada de la Salud de Pátzcuaro, Michoacán, el proceso diocesano para su canonización contando con el unánime consenso de la Conferencia del Episcopado Mexicano y el nihil obstat(declaración de que no hay impedimento) de la Congregación para las Causas de los Santos. 

La Fase Diocesana de la Causa de canonización de Vasco de Quiroga siguió su curso normal con un intenso trabajo en el que intervinieron muchas personas y se cerró el día 21 de enero de 2014 en un acto solemne en la Catedral de Morelia con la presencia de su Arzobispo, don Alberto Suárez Inda y los obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia. Toda la documentación fue enviada al Vaticano, a la Congregación para las Causas de los Santos, donde será estudiada por los cardenales y obispos que integran esa Congregación y, si así lo juzgan conveniente, le presentarán al Papa su veredicto final, con objeto de que pueda ser beatificado y posteriormente ser inscrito en el canon de los santos. 

Es bueno recordar que «los santos y beatos son los auténticos testigos de la fe»[12]. Bien ha dico el beato Álvaro del Portillo que «los verdaderos protagonistas de la nueva evangelización son los santos: ellos hablan un lenguaje comprensible para todos, con el ejemplo de la vida y con las obras de caridad»[13].

Un perfil

Unos rápidos trazos iniciales permiten describir a Vasco de Quiroga como un hombre de vida ejemplar, abogado con gran pasión por el derecho, sabio juez y gobernante prudente. Por su prestigio profesional, siendo laico, fue nombrado primer obispo de una de las primeras diócesis en la Nueva España, la de Michoacán, en donde desarrolló una amplísima labor pastoral de gran calado, distinguiéndose por su rara habilidad para atraer a la fe a muchos miles de personas. Su gran capacidad para descubrir los talentos de cada persona y de cada pueblo lo constituyen también como un modelo de animador social que supo entusiasmar e impulsar un buen número de iniciativas que siguen dando buenos frutos hasta el día de hoy.

Llegó a América –ese nuevo mundo recién descubierto–, siendo laico, con el fin de ejercer con gran prestigio su trabajo profesional como Oidor, máxima autoridad de la Nueva España. Fue una figura notable por su comportamiento ejemplar manifestado en su austeridad de vida, el buen trato que dispensó a la gente, en especial a los indios, así como por su generosidad y la atinada manera de hacer justicia.

Cabe destacar, que falleció en olor de santidad y su fama de hombre santo se mantiene hasta nuestros días entre personas de toda clase social e incluso de diversa y opuesta ideología.

Primeros años

Vasco de Quiroga nació en 1488 en Madrigal de las Altas Torres, provincia de Ávila, una de las ciudades más renombradas de Castilla la Vieja en la España del siglo XVI. En este lugar de realengo nació también la Reina Isabel la Católica. Fue bautizado en la pila de la Parroquia de San Nicolás de Madrigal, misma en la que había sido bautizada la reina Católica.

Su familia provino de Galicia, del valle de Quiroga o Keiroga, donde su padre, Vasco Vázquez de Quiroga, poseedor de haciendas y mayorazgos, fue Gobernador del Priorazgo de San Juan. Su madre, María Alonso de la Cárcel, vecina de Arévalo, era de noble familia. Tuvo dos hermanos, Constanza que profesó como religiosa y Álvaro quien tuvo nueve hijos, uno de los cuales, de nombre Rodrigo, fue Cardenal Arzobispo de Toledo e Inquisidor General de España.

Estudios

Poco antes de cumplir los veinte años, probablemente en 1507, inició sus estudios en la Universidad de Salamanca, donde cursó el bachillerato para luego recibir el título de Licenciado en Cánones. Su formación tuvo una fuerte influencia humanista y sus estudios incluyeron la Filosofía y la Teología.

Cuando Vasco de Quiroga dejó la universidad se iniciaba la época de mayor esplendor de las universidades de Salamanca y Valladolid. En las aulas universitarias españolas de aquel tiempo, se unían la tradición escolástica, el renacimiento español y un humanismo claramente cristiano. Corrían aires de una renovación del cristianismo con planteamientos teológicos que habrían de repercutir en la vida social, capaces de renovar la vida cristiana de las personas y las instituciones reviviendo en ellas el deseo de volver al cristianismo primitivo.

Probablemente cuando aún se encontraba en la Universidad, fue admitido como Caballero de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, que luego fue de Rodas y actualmente es de Malta. Las constituciones de esa orden militar establecen que los que eran nombrados caballeros -en una solemne ceremonia-, prometían huir de guerras injustas, proteger a los huérfanos, pobres y viudas, así como aliviar a los pobres enfermos. Además, se obligaban a ser hombres ejemplares, caritativos y cuidadosos de vivir la virtud de la castidad, mantener un gozo espiritual, vivir sin malicia, llorar los pecados, sufrir las injurias, amar la justicia, ser misericordiosos, puros de corazón y sinceros, así como llevar con paciencia la persecución.

Trabajo profesional

Las primeras noticias que se disponen de su actividad profesional señalan que en 1523, cuando Vasco de Quiroga tenía treinta y cinco años, recibió del Rey Carlos I de España y V como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el nombramiento de Juez de Residencia en Orán, al norte de África, tierras conquistadas por España pocos años antes. Es de suponer que laboraba para la Corona desde mucho antes

En su trabajo en África, sobresalió por su actuación como juez prudente y justo en un mundo cosmopolita en el que convivían personas de muchas naciones y credos. Ese periodo de su vida fue notable por su combate a los actos de corrupción, atreviéndose incluso a condenar al mismo Corregidor de Orán y donde logró, además, exitosas gestiones como representante de la Corona española. Muestra de ello fue la firma conclusiva de un tratado de paz con el Rey de Tremecén que se distinguió por su precisión y celeridad, en donde pudo introducir conceptos, inéditos entonces, de respeto a la libertad religiosa y de comercio.

En 1526 Vasco regresó a la península para trabajar en la Real Chancillería de Valladolid y en otras encomiendas que lo llevaron a Granada, a Murcia y a largos recorridos acompañando a la Corte del Rey. En esos años aumentó su prestigio profesional y humano que tuvo, entre otras consecuencias, el recibir un recado de parte del Rey preguntándole qué puesto deseaba tener, ofreciéndole diversas posibilidades: una magistratura, una gobernación en España, o un puesto en el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, o una magistratura en el gobierno de las Indias.

En aquellas primeras décadas del siglo XVI, en que aun las gentes de menos cultura en Europa estaban ávidas de noticias sobre los descubrimientos, cada vez más sorprendentes, que día a día se efectuaban del otro lado del mar tenebroso, en un inmenso país de maravilla, todo era hablar de sucesos extraordinarios, de los indios llevados por Colón y por Hernán Cortes y los tesoros traídos desde las indias. Por aquellos años, Alberto Durero, famoso pintor y grabador alemán, escribió en su diario: «He visto en Bruselas los dos regalos traídos de México para el rey, a saber: un sol de oro del tamaño de una toesa y una luna de plata del mismo tamaño, además de vasijas de todas clases, utensilios de oro y de plata y otros extraños adornos, de tal magnificencia que difícilmente se podrán hallar otros que les igualen. Nada he visto en los días de mi vida que sea tan de mi gusto. Al admirar estas obras de oro tan perfectas quedo asombrado de la habilidad y del ingenio sutil de los hombres de aquellos países lejanos»[14]. También llegaban a la Corona noticias alarmantes sobre abusos de los conquistadores y el maltrato que daban a los indios, situaciones que llevaban a que autoridades, académicos, teólogos y juristas se debatieran en esas sesudas cuestiones.

En ese ambiente, luego de hacer mucha oración, Vasco de Quiroga decidió pedirle al Rey que lo enviara a las Indias, por lo que en 1529 fue nombrado Oidor de la Segunda Audiencia, es decir, miembro de un cuerpo colegiado que sería la máxima autoridad en la Nueva España.

Oidor en la Nueva España

Vasco de Quiroga entró a la ciudad de México-Tenochtitlan el día 9 de enero de 1531. Llegó con todos los poderes para ejercer como Oidor, es decir, siendo integrante de un cuerpo colegial que se conoció como la Segunda Audiencia, primera autoridad en el gobierno de la nueva España.

La fecha de su arribo a México nos permite considerar que, exactamente once meses después, ocurrirá la primera aparición de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac que fue el 9 de diciembre de 1531. Interesante también es que Vasco de Quiroga, el 13 de agosto siguiente a su llegada a México, será testigo de los grandes festejos que se organizaron con ocasión del aniversario número diez de la conquista de Tenochtitlan consuada en 1521.

Vasco de Quiroga es, por tanto, un testigo de primera fila de lo que significó la conquista, con todos sus aciertos, errores y horrores.

Al llegar a la Nueva España, inició un trabajo intenso lleno de dificultades. Se involucró inmediatamente en el juicio que se hizo a los integrantes de la tristemente célebre Primera Audiencia que será condenada y recordada por el abuso de poder que practicó, al dar y quitar encomiendas, sometiendo a esclavitud a los indios y permitiendo que fueran herrados en gran número.

Vasco de Quiroga desarrolló un intenso y eficaz trabajo. Tres meses después de llegar a América, en carta dirigida a la Emperatriz, le habló de su quehacer y el de sus colegas: «Con las visitas y ejecución de las provisiones ha habido y hay tanto que hacer, que sobre las horas de la mañana empleamos la tarde y gran parte de la noche, y no será poco si este trabajo se acaba en éste y todo el año venidero[15]

Pronto sobresalió Vasco de Quiroga por su afabilidad en el trato con los demás, en especial con los indígenas, a los que entendía bien, con ayuda de sus dibujos y algunos traductores. Hacía visitas aquí y allá, dictaba provisiones y hacía justicia como otro Salomón. Los indios acudía en masa para ser escuchados por el licenciado Quiroga quien lograba entenderlos rápidamente solucionando muchos de sus problemas legales. Hombre prudente, decía:

«Siempre están conmigo cuatro jueces de los mayores suyos, que ellos entre sí tenían, para que vean lo que pasa e informen de sus costumbres»[16].

El trabajo del licenciado Quiroga le llevó a conocer a fondo lo que sucedía en la Nueva España. Sufrió con todos los inconvenientes derivados de la conquista.

Además de combatir judicialmente los abusos que algunos españoles ejercían sobre los indios, buscaba implementar acciones para defender sus derechos y ofrecerles los medios para su desarrollo. En una Carta dirigida al Consejo de Indias, con fecha del 14 de agosto de 1531, escrita a título personal y no como miembro de la Audiencia, refiere sus experiencias, entre ellas, una escena -que quedaría grabada en sus pupilas y en su alma hasta los últimos días de su vida-, al ver que los indios «han quedado así pobres, que andan por los tiánguez y calles a buscar de comer lo que dejan los puercos y los perros, cosa de gran piedad de ver y estos huérfanos y pobres son tantos, que no es cosa de se poder creer si no se ve».

En aquellos años, el licenciado Quiroga escribió a la Corona manifestando su preocupación por la falta de un mínimo de organización social para los muchos habitantes de la ciudad de México que eran, dice, más de lo que puedan imaginar en Castilla:

«y no se podría allá creer la multitud de estos indios naturales, y así su manera de vivir es un caos y confusión, que no hay quien entienda sus cosas ni maneras, ni pueden ser puestos en orden ni policía(…) ni estorbarles las borracheras e idolatrías ni otros malos ritos e costumbres»[17]. Pero el Licenciado y Oidor Quiroga era un hombre justo y sabía detectar un buen número de aspectos positivos de los indígenas. Trató entonces de hacerlo notar en su Carta al Consejo de Indias:

«los indios que desde muchachos se crían y doctrinan con gran diligencia(…) porque naturalmente tienen y nata la humildad, obediencia y pobreza y menosprecio del mundo(…) y en fin sean como tabla rasa y cera muy blanda»[18].

Descubrir las cualidades de las personas fue una constante en Vasco de Quiroga, de ahí que sabe resaltar sus cualidades pues como él mismo escribió:

«muchos de ellos demás de saber lo que a muchos cristianos conviene, saben leer y escribir en su lengua y en la nuestra y en latín y cantan canto llano y de órgano, saben apuntar libros de ello, harto bien»[19].

La situación no se presentaba fácil. Era notorio que Don Vasco resaltaba la perplejidad y congoja que tienen todos los hombres de bien en la tierra conquistada; él mismo se veía en aprietos cuando le pedían un remedio a la difícil situación. Sin embargo, poco a poco, fruto de sus reflexiones, vio claro que la solución estaba en la realización de lo que para él era un sueño: constituir «pueblos nuevos donde trabajando y rompiendo la tierra, de su trabajo se mantengan y estén ordenados en toda buena orden de policía y con santas y buenas y católicas ordenanzas».

Apuntaba así una idea que fue desarrollando y que sería clave del pensamiento y de la actuación de Quiroga, quien confiaba plenamente en la capacidad de cada hombre de desarrollar sus cualidades. Muchos de sus contemporáneos prefirieron ver deficiencias en esos hombres e incluso cuestionaron su racionalidad.

El licenciado Quiroga, como humanista, conoció al hombre, distinguió lo esencial de lo accidental, y entendió desde el principio que si se respetaban los derechos innatos de los indios, se les daba confianza y se sentían queridos y apreciados, entonces, cada uno de ellos sería capaz de hacer cosas grandes. La actuación grandiosa de este hombre visionario fue la suma de la actuación de muchos indios en los que confió y a los que, también hay que decirlo, les exigió una responsabilidad.

Fundación del Pueblo-Hospital de Santa Fe

El contacto con la realidad del pueblo recién conquistado, las muchas horas de entrevistas y actuaciones judiciales fueron dejando una profunda huella en Vasco de Quiroga. La problemática encontrada le preocupaba, pero lejos de permanecer distante buscó la raíz de los graves conflictos existentes. No sólo era una preocupación de tipo sociológico sino que aflorando el humanismo en el que estaba imbuido, encontró soluciones profundas, frescas y duraderas.

Decidió, entonces, fundar un pueblo en donde los naturales aprendieran tres aspectos fundamentales en la vida de la persona: vivir en familia, trabajar bien y establecer una relación personal con Dios.

Es por eso que dos años después de su llegada a México, entre los meses de febrero y agosto de 1532, adquirió unos terrenos –con sus ahorros y la venta de algunos bienes-, para fundar una institución donde los indios que lo desearan podían formar parte de una población que experimentaría las bondades de vivir como familia, aprendiendo oficios y trabajando con perfección, además de conocer que la fe no era una doctrina llena de preceptos sino una vida que los podía llevar a la felicidad en esta tierra y en la vida futura.

Las tierras que Don Vasco seleccionó estaban a poco más de dos leguas -unos nueve kilómetros-, hacia el poniente de la capital de la Nueva España. Actualmente, dichos predios han sido transformados en un moderno desarrollo urbano con enormes rascacielos, pero conservando el nombre del primer pueblo fundado por Tata Vasco: Santa Fe.

Con la ayuda de muchos indios, a los que entusiasmó con su proyecto, logró levantar un pueblo al que bautizaría como Hospital de Santa Fe, en el cual llegaron a vivir más de treinta mil personas.

Cabe mencionar que el término “hospital” está vinculado a la acepción latina hostes, que significa huésped, y que en un amplio sentido era el objetivo buscado por el licenciado Quiroga para ese pueblo: ofrecer hospedaje a todos los indios que vagaban o se escondían en las montañas a causa del mal trato que les daban los encomenderos.

El pueblo-hospital incluía también la recepción de gente con requerimientos de salud, ya que de acuerdo con Don Vasco:«los enfermos son el principal entre los trabajos del pueblo[20]».

Asimismo, el Hospital de Santa Fe era un lugar privilegiado donde se enseñaban los pequeños e importantes gestos y actividades que permiten unificar a la familia. También se instruía a los indígenas en diversos oficios, se fomentaba la creatividad, se ejercitaba la preocupación por ayudar a los demás y se aprendía el mejor modo de conocer y tratar a Dios.

Esta primera buena experiencia lo llevó a fundar posteriormente dos pueblos-hospital semejantes; uno en Tzintzuntzan, y otro en Ueameo, conocido como Santa Fe de la Laguna; los dos a orillas del Lago de Pátzcuaro. De igual manera, desarrolló parcialmente esas ideas de pueblo y familia en Pátzcuaro, Angahuan, Nurío, Uruapan y Zacán.

El diseño arquitectónico que estableció Vasco de Quiroga para sus pueblos fue un claro reflejo de su concepción humanista, que soñaba con una sociedad nueva, con un modo de vida semejante a la que llevaban los primeros cristianos y en donde cada persona era importante, privilegiando la vida en familia. En la construcción del pueblo, así como en sus mejoras y reparaciones intervinieron no sólo los habitantes sino incluso los que acudían al pueblo, lo que favoreció que apreciaran y cuidaran las instalaciones. Les enseñó que lo construido debía ser hecho de la mejor manera posible, cuidando todos los detalles, sin lujos ni cosas innecesarias, pues debe vivirse con sobriedad.

A través de los pueblos-hospitales de Santa Fe, Vasco de Quiroga procuró el bien integral de la persona y de la comunidad, lo mismo que su salvación. En las Ordenanzas para el buen gobierno de esos pueblos así lo manifestaba:

 «Quiero que viváis sin necesidad y sin ociosidad, en buena policía y doctrina cristiana, sin menoscabo de vuestra obediencia, simplicidad, humildad (…) fuera del peligro de las tres bestias que todo en este mundo destruyen y corrompen, que son la soberbia, codicia y ambición»[21].

Asimismo, se impartía la fe cristiana, la enseñanza de oficios y menesteres, la educación y el mejor modo de hacer el cultivo del campo; se estimulaba las habilidades, inclinaciones e intereses de cada uno; se fomenta la alegría y la verdadera fiesta, el esparcimiento, la cultura, el arte, se instruía sobre política, se practicaba la democracia y gracias a esta mezcla de valores, se lograba que todos colaboraran en lograr el bien común, al promover la solidaridad y la responsabilidad. Estos sitios eran verdaderas repúblicas donde se vivía el ideal de la primera comunidad cristiana y todo se poseía en común, permitiendo a sus habitantes estar unidos como un solo corazón y una sola alma[22].

Gracias a este tipo de vida, Vasco de Quiroga hizo de algún modo posible la Utopíadel humanista Tomás Moro que fue Gran Canciller de Inglaterra y murió mártir. La creación de ese peculiar Pueblo-Hospital no tuvo necesariamente su primera fuente de inspiración con aquella república ideal e irrealizable que imaginara el santo Canciller en la isla Utopos; más bien se trataba de una feliz coincidencia con lo ingeniado por él.

Hacia el final de su vida, Vasco de Quiroga con mentalidad práctica y jurídica, decidió reglamentar su funcionamiento redactando las Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe[23]. Es posible que se valiera para ello de algunos conceptos de la Utopía,obra que conoció no antes de 1532, año de su primera fundación. 

Con los Tarascos

En 1532 Vasco de Quiroga tuvo su primer contacto con los indios tarascos. Fue elegido por los demás miembros de la Segunda Audiencia para llevar a cabo una inspección en la Provincia de Michoacán que se encontraba en estado de convulsión desde la muerte de su rey Sinzicha Tanganxuan, llamado también Cazonzi, cuyo deceso fue ordenado por Nuño de Guzmán quien lo torturó intentando obtener información sobre los sitios donde se guardaba oro. El argumento que dieron los otros miembros de la Audiencia para enviar a Vasco a esa Provincia fue que «el Licenciado Quiroga podrá ocuparse de lo de Mechuacán, porque es hombre virtuoso, buen cristiano y muy celoso del servicio de Dios»[24].

Tras su llegada a Michoacán, el Licenciado Quiroga se reunió, auxiliado de intérpretes, con Pedro Panza Cuinierángari, entonces Gobernador de la ciudad, y con los principales del pueblo, con el fin de escuchar las quejas y reclamos de los locales, organizando asambleas que:

«cada vez eran más numerosas, convocándose todos los de la Provincia a oír un hombre tan interesado en su bien y cuyos labios destilaban miel y suavidad»[25].

Su capacidad de explicar con sencillez y claridad los beneficios de vivir con orden y “policía”, término usado entonces para designar el orden social, le permitió mostrarles también la experiencia tenida en su Pueblo-Hospital de Santa Fe, cercano a México-Tenochtitlan, logrando animar a los indígenas a fundar un pueblo semejante en Tzintzuntzan. También los conminó a dejar la idolatría y los vicios, abriéndoles un inmenso panorama de las ventajas de vivir en una sociedad organizada y de los beneficios del trabajo. De igual manera, expuso ante la comunidad, lo que era una familia y los serios inconvenientes de tener varias mujeres, práctica usual entonces entre los tarascos. Luego, usando ejemplos adecuados, explicó algunos aspectos de la doctrina católica.

Los indígenas quedaron admirados del austero estilo de vida del Lic. Quiroga, así como también por su dedicación al trabajo y la sabiduría para resolver problemas. Les llamaba poderosamente la atención cuando se retiraba a hacer oración. Los naturales mostraron siempre su agradecimiento al hombre que, siendo autoridad real, supo comprenderlos al grado de conmoverse sinceramente por su penosa situación, logrando ayudarlos en múltiples asuntos.

Muchos indios se presentaban ante el Oidor para pedirle consejo y entregarle los ídolos de madera, piedra y otros materiales que tenían escondidos. Fue ahí cuando comenzaron a llamarlo Tata,diminutivo cariñoso que los tarascos le dan al vocablo papá.

Vasco de Quiroga realizó frecuentes desplazamientos entre la capital de la Nueva España y la región de Michoacán, haciendo compatible su trabajo en la Audiencia con su labor de reconstruir el tejido social de aquellos pueblos. Años después, explicaría algunos logros tenidos en toda aquella región, no sólo con los tarascos, sino con otro grupo considerado entonces más bravo y salvaje:

«muchos chichimecas, que nunca fueron ganados ni conquistados, de poco acá son venidos al buen olor de la bondad y piedad cristiana que ahí han visto e oído decir, con sus hijos y mujeres, dejando su vida salvaje»[26].

Nombrado obispo

En diciembre de 1535, el Consejo de Indias sugiere al Rey Carlos V que proponga al Papa el nombramiento de Vasco de Quiroga como obispo de Michoacán, aún con el inconveniente de que es un laico, bajo el argumento de que:

 «se tiene muy buena relación de su vida y ejemplo, y porque ha sido y es muy inclinado a la conversión y buen tratamiento de los indios y a su instrucción en las cosas de nuestra sancta fe, en que ha gastado gran parte del salario que V.M. le ha mandado dar»[27].

Ante tal petición, el Papa Paulo III erige -por Bula de fecha 6 de agosto de 1536-, la diócesis de Michoacán y nombra a Vasco de Quiroga como su primer  obispo. Sin embargo, las dificultades en las comunicaciones –propias de aquél tiempo–, retrasaron la llegada a Nueva España de los documentos oficiales necesarios para poder recibir la ordenación episcopal. Pudo, sin embargo, tomar posesión de su diócesis dos años después, el 6 de agosto de 1538 -ya ordenado sacerdote-, en una pequeña capilla que los franciscanos tenían en Tzintzuntzan, trasladando –al día siguiente–, su sede a Pátzcuaro porque al nuevo y primer  obispo de Michoacán le pareció entonces que ahí encontraría mejores condiciones climáticas y, sobre todo, a más naturales a los que podría evangelizar. Su ordenación episcopal la recibiría después, en diciembre de 1538, de manos del Arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga. 

De ese modo, el licenciado Vasco de Quiroga, un laico que de casi cincuenta años de edad, que desempeñaba el papel de Oidor y juez, fue ordenado sacerdote y  obispo. Esos pocos años acumulados pueden explicar, en parte, el brío con el que asumió y se entregó a su actividad pastoral, así como su dilatada acción.

El licenciado Quiroga no promovió gestiones en busca del episcopado ni añoraba ese estado; más aún, aceptó el nombramiento papal con la misma nobleza con que años antes había aceptado ser máxima autoridad en la Nueva España o el encargo de ir a Michoacán para ayudar a los purépechas a poner orden en esa sociedad crispada. De esta etapa, el mismo obispo recuerda su difícil aceptación al cargo:

«me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil, para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo me eligieron Primer Obispo de la Ciudad Michoacana. Y así sucedió que antes que aprender, empecé a enseñar, tal como de sí mismo decían, lamentándose, el padre Ambrosio y Agustín»[28].

La nueva diócesis de Michoacán era entonces un dilatado territorio con una extensión de 175000 km2que comprendía desde el Mar del Sur (Pacífico) hasta una porción del Golfo de México, abarcando lo que hoy son los Estados de Michoacán y Colima; casi todo Guanajuato, exceptuando Casas Viejas (Iturbide) y Xichú (Victoria) que pertenecían al obispado de México. De igual manera se incluían dos cantones de Jalisco: Zapotlán y La Barca; tres distritos de Guerrero, que actualmente corresponden a Galeana, La Unión y Mina; así como casi todo lo que hoy es San Luis Potosí y una parte de Tamaulipas.

Al ser nombrado  obispo de tan vasto territorio, Don Vasco tuvo prisa por iniciar su trabajo, mas decidió realizarlo con cautela. Por tal motivo, planeó un trabajo pastoral con horizontes insospechados que demandaba la presencia de sacerdotes ejemplares que fueran capaces de trasmitir una fe viva. Así fue que ordenó sacerdotes a algunos conocidos cercanos que trabajaban para él en la Audiencia; también convenció a otros que, con la anuencia del obispo de México, Zumárraga, se integraron al clero de la nueva diócesis. En los primeros meses de su ejercicio episcopal, algunos indígenas recibieron de sus manos al menos las órdenes menores, pero quizá no llegaron a ser ordenados sacerdotes presbíteros pues encontró mucha oposición en los demás obispos de la Nueva España.

Don Vasco, visionario y precursor, fundó en 1540 su seminario en Pátzcuaro, en el que convivían indios y españoles, bajo el nombre de Real y Primitivo Colegio de San Nicolás, adelantándose dieciséis años a lo que la Iglesia determinó, en el Concilio de Trento en 1556, de que en cada diócesis se instituyera un seminario. Exigió que los futuros sacerdotes estuvieran muy bien preparados en teología y fueran expertos en alguna de las lenguas que se hablaban en el territorio de su obispado, es decir purépecha, náhuatl, cuitlateca, pirinda, pame, otomí y mazahua.

Once años después de la muerte de Vasco, el Deán y el Cabildo de la Diócesis enviaron un informe, sobre los frutos del seminario. En dicho escrito se describe que:

 «desde su fundación, en él se han criado y ordenado muchos sacerdotes de muy buena doctrina, vida y ejemplo, y han salido de él más de doscientos sacerdotes ministros que en toda esta Nueva España han predicado la ley evangélica y administrado los santos sacramentos y adoctrinado y convertido mucho número de indios naturales y han aprendido sus mismas lenguas bárbaras con que se ha dilatado grandemente nuestra santa fe católica y salvado muchas ánimas en gran servicio de Dios Nuestro Señor»[29].

Construir su propia catedral fue una de las primeras tareas que emprendió Don Vasco. La catedral que deseó construir es una muestra más de su magnanimidad, ya que buscaba fuese la más grande y suntuosa de la cristiandad, mostrando así a los indios la grandeza de Dios. Es por este motivo, que la diseñó de cinco naves cerradas con bóveda, «y con tanta grandeza se iba haciendo que, acabada, pudiera ser octava maravilla del mundo en edificios»[30]. Por desgracia, no fue posible concluirla luego de una tenaz oposición de personas ajenas a la diócesis, además de problemas estructurales y arquitectónicos.

Por otra parte, Vasco se preocupaba también de formar cuidadosamente a los indios antes de recibir el sacramento del bautismo, hecho constatado en el decir de Zumárraga:

«el electo Obispo de Mechoacán, con mucho estudio y cuidado, ha hecho un tratado en el cual se resume que no se puede ni debe hacer dicho bautismo, sino como se hacía en la primitiva iglesia»[31].

Al respecto, en 1540 el  obispo de Michoacán publicó un Manual de Adultosdonde Cristóbal Cabrera –su secretario–, exhortaba a los lectores:

«Si deseas, venerable sacerdote, aprender previamente y con brevedad lo que ha de hacerse para bautizar a cualquier indio, cuáles son los primeros rudimentos que deben enseñársele, consulta, hojea, lee por entero y estima este libro. Nada hay menos oscuro, nada más claro, pues sencilla y doctamente acaba de ordenarle mi sabio y piadosísimo prelado Don Vasco de Quiroga»[32].

Parte de su labor pastoral comprendió también un Catecismo, dirigido a los indígenas, con sugerencias prácticas para su vida cristiana, en medio de su familia y trabajo, así como en su participación social. Organizó pueblos con sus barrios y la administración de los sacramentos en cada uno de ellos, dejando al final de su vida 59 parroquias, todas bien dotadas.

Don Vasco de Quiroga tenía una gran intuición pedagógica. Con gran facilidad conocía a las personas, su temperamento y carácter, así como los gustos y aficiones. Estas habilidades le permitieron iniciar la enseñanza de las verdades de la fe, partiendo muchas veces de las costumbres paganas que tenían los indígenas. Su cualidades humanas y su vida ejemplar, le dieron una especial sabiduría para la conversión de los naturales. Quien fue secretario del obispo, reflexionando años después sobre lo logrado por Don Vasco, escribió:

 «mientras otros desde lejos reconocían y admiraban en él la rara habilidad que tenía para convertir a los infieles, yo, que estaba tan cerca y como a la mano, me quedaba atónito por lo mismo, no haciendo otra cosa que alabar a aquél de quien desciende todo buen don y toda dádiva perfecta»[33].

Siendo obispo dedicaba muchas horas a la catequesis y hacía que quienes colaboraban con él dedicaran el tiempo necesario a esta labor. La celebración del bautismo era una fiesta muy especial.

«Tenía él en tanta veneración el Bautismo, lo honraba tan de corazón y con tanta piedad, que cuantas veces eran tratadas cuestiones referentes al mismo parecía conmoverse hasta en lo más profundo de su ser»[34].

La familia y los niños eran su preocupación principal y por ello corrió la voz de que en sus Pueblos-Hospital recibía a los hijos de aquellos que no los querían o que por diversos motivos no pudieran mantenerlos junto a ellos. Una vez con él, era notoria su dedicación a procurarles todo lo necesario para formarlos. Muchas veces organizaba juegos con gran creatividad, por ejemplo, competencias de carreras, lanzamiento de objetos de madera y tiro con flechas, para luego enseñar con esas imágenes lo que es la lucha por desarrollar virtudes.

En los juegos, Don Vasco tomaba la postura de juez, tan propia de su vocación profesional, y premiaba a los ganadores con algunos animales vivos; pero el juego mismo era ocasión de catequesis, ya que les explicaba que dar en el blanco o conseguir un trofeo, es parecido al premio que recibiremos al final de nuestra vida en el cielo.

Vasco de Quiroga como gran evangelizador, era muy devoto de María Santísima, en especial en el misterio de su Inmaculada Concepción. Una manifestación, entre muchas, se dio poco después de tomar posesión de la diócesis, cuando mandó elaborar, con los mismos materiales e ingredientes con que los indígenas hacían sus ídolos, una imagen de la Virgen. Dicha imagen fue colocada en el Hospital de Santa Marta de Pátzcuaro en el año 1540, bajo el título de Salud de los Enfermos, con el fin de que se acudiera a ella pidiendo remedio de las enfermedades. Hasta la fecha, los pobladores de la ribera del lago de Pátzcuaro, habitantes de Michoacán y lugares muy lejanos le profesan una especial y arraigada devoción acudiendo frecuentemente a la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, donde actualmente está la imagen.

Instituciones sociales

La formación que recibieron los primeros cristianos en el obispado de Michoacán tuvo un componente muy peculiar. 

Gracias al Manual de Adultoselaborado por don Vasco y al Catecismoque editó, se les dieron a conocer a los naturales de la Provincia de Michoacán las verdades de nuestra fe. Un análisis de los contenidos de estos dos textos, nos permiten observar que no insistían solo en aspectos teóricos sino que subrayaban los prácticos, enseñando a vivir el cristianismo con todas sus virtudes en la vida diaria.

Además de esa enseñanza teórico-práctica, hay un componente más que supo poner Vasco de Quiroga en su plan de evangelización. Desde el principio intuyó que debía fomentar algunas instituciones en donde la vida cristiana se mostrara en la vida ordinaria de los habitantes de los pueblos. Impulsó así lugares en donde todos practicaran, de modo habitual, en medio de su quehacer y de la vida familiar lo que es vivir en cristiano.

El nombre de Vasco de Quiroga está asociado a muchas obras de carácter social, pues impulsó muchas de esas instituciones. Entre las más notables se pueden señalar los hospitales de la Concepción, y las Guataperas

Los hospitales de la Concepciónimpulsados por el primer obispo siguen un modelo distinto al de aquellos primeros fundados en la Ciudad de México por los españoles. Hay una diferencia fundamental, que consiste en confiar en la persona y no suplirlo nunca en sus obligaciones. Todos, con sentido cristiano, debían participar en la atención de los enfermos. En esos pequeños hospitales, además de recibir a los enfermos, todos los pobladores intervenían, por turno, en función de enfermeros o haciendo y sirviendo la comida, algo inédito en la época. En la mayoría de los pueblos de veinte a treinta casas se fundaron hospitales. En 1582 había poco más de doscientos de estos centros benéficos y hospitalarios en la diócesis de Michoacán[35].

Las Guatáperas, que muchas veces tenían anejo el hospital era algo más que una clínica. Estos lugares servían en cada comunidad como sede para la reunión de las autoridades con objeto de deliberar sobre los problemas comunitarios. Funcionaba como una república de indios.

La Guatáperaera el espacio de celebración de los rituales festivos; servía para hospedar a los huéspedes que estaban de paso en la comunidad; por supuesto servía como lugar para cuidar a los enfermos, pero también era el granero, centro de acopio de las reservas de granos para las temporadas de escasez alimenticias o en previsión de años estériles.

Vasco les ayuda con la idea fundacional y les proporciona algunos medios, como son médicos, enfermeras, algunas camas y poco más. Este tipo de hospitales se hacían con la colaboración de todos los pobladores, quienes ponían mano de obra, enseres y recursos económicos.

De igual manera, el  obispo de Michoacán impulsó la creación de un Colegio de Niñas, donde debían convivir españolas e indígenas, para que «allí se les enseñen todos los oficios y habilidades mujeriles puesto que habían de presidir en la casa, y diesen a los indios recién convertidos el buen olor de los ungüentos cristianos para aficionarlos a ellos a las virtudes»[36].

Vale la pena hacer notar la visión que tuvo Vasco en cuanto a la imperiosa necesidad de formar a la mujer de un modo especial, pues es ella la que debe, dice, presidir en la casa. El valor ejemplar de la mujer es parte fundamental en esa recomposición social que deseó hacer. De algún modo se adelantó a esas instituciones modernas que están enfocadas a la mujer para aprender todo lo referente a la administración de los hogares o de otras instituciones de servicio.

Organización política

Intuición genial también de Vasco de Quiroga fue la de conservar parte de la organización política de los tarascos pero integrando elementos de los Ayuntamientos españoles de la época. Convenció a todos –autoridades españolas e indígenas-, para lograr una autentica “República de Indios”. 

Pudo mantener la nobleza indígena gracias a que se dio un fenómeno peculiar: la primera semilla de cristianismo no llegó a ese territorio por boca de españoles sino de un noble tarasco: Tzintzincha Tagaxoan II, hijo del Gran YrechaZuangua, llamado por los nahuas Cazonzi[37]. Recibió, probablemente en 1525, el sacramento del bautismo y cambió su nombre por el de Francisco[38]. Será conocido, desde entonces, como Don Francisco.

La franca rendición pacífica –“sin hacer aparato de guerra”–, del señorío tarasco, aceptada en 1524 por Cazonzi, luego de los acuerdos tenidos con Hernán Cortés en México-Tenochtitlan, ofreció a los tarascos la posibilidad de ser acreedores a ciertos beneficios derivados de la alianza[39]. Se obligaron, sin embargo, que sus pueblos fueran regidos bajo el régimen de encomienda, lo que cambió notablemente la vida de toda aquella provincia[40]. Modificó también, de modo radical, la vida de Tzintzincha Tagaxoan y de sus más cercanos, en concreto: Pedro Panza Cuinierángari, hermano adoptivo del Canzonci, don Alonso Uisie, yerno de don Francisco, y los nahuatlatos Gonzalo Xuarez Cuyçique y Alonso de Ávalos Acaysante[41].

Los Señores nobles cambiaron radicalmente su estilo de vida y fueron ejemplares en muchos sentidos. Todos, además, tenían una notable presencia, especialmente por estar fascinados con las vestiduras a la española y por ciertos privilegios como montar a caballo, portar espada y el uso de sombrero que les daba prestigio. Es muy elocuente una lámina en donde aparece un dibujo, quizá copiado del original, en el manuscrito de la segunda parte de la Crónica de Michoacán,escrita por Jerónimo de Alcalá, que publicó el franciscano del siglo XVIII, Pablo Beaumont[42]. El documento se conserva en la Biblioteca John Cárter Brown, Brown University, en Providence, Rhode Island, Estados Unidos. De su observación se pueden sacar muchas conclusiones.

La presencia de estos Señores nobles cristianos fue fundamental para lograr un cambio en la organización política. Vasco de Quiroga cuidó y protegió la jerarquía social. Daba lugar principal al Gobernador. Nada hizo sin su consentimiento. Luego, tomaba en cuenta a los “tenientes de gobernador”, equivalente a alcalde, a los oficiales y a los mandones de los pueblos. Organizó también los Cabildos con sus regidores, alguacil mayor, alférez real, juez de justicia, intérprete general y otros cargos, de modo que todos pudieran contribuyeran al bien común[43].

Participación social

Aunque no fue labor exclusiva de su primer obispo, suponemos que Vasco de Quiroga influyó notablemente en la organización social. 

En muchas poblaciones de la Provincia de Michoacán encontramos a partir de 1545 estructuras de gobierno en donde, a través de elecciones, los integrantes del Cabildo civil hacen los nombramientos de determinados cargos, fijan sus sueldos y resuelven sus controversias, muchas veces haciendo uso de la edificación destinada a ser Guatápera.

Los cabildos indígenas, con sus cuerpos de gobierno, a semejanza de los que había entonces en España, lograron fomentar una vida civilizada en donde antes había confusión y violencia. Con esta organización, se les abrió a los indígenas un panorama insospechado que les permitió dirimir sus conflictos pues aprendieron el modo de entablar los juicios y su defensa, además, les dio el cause para acudir a las autoridades españolas, incluso al propio Virrey, con objeto de apelar una decisión o detener los abusos de una autoridad.

Logró que hubiera una identidad colectiva y una solidaridad indígena frente al mundo de españoles. Tejió un mundo de lealtades recíprocas y jerárquicas que, en ocasiones, presentaba una trama, que produjo rasgaduras y roturas inevitables. Pero el tejido se mantuvo durante siglos hasta lograr hoy, por desgracia, su penoso rompimiento, luego de muchos ataques a sus instituciones.

Este nuevo escenario institucional de gobierno desarrollará también actores políticos. Muchos de ellos, con su formación cristiana y con la novedad de su fe vivida, darán ejemplo notable de lo que es un cristiano en la vida pública. Muchos que, anteriormente, tenían vedada cualquier expresión política en la participación de los gobiernos locales, por no pertenecer la nobleza tarasca por ejemplo, lograron sobresalir.

La antigua estructura jerárquica en el gobierno del señorío tarasco, cambió rápidamente disminuyendo los privilegios de los Señores nobles, pero mantuvo lo que funcionaba bien.

Ciertas prácticas de tributos a favor de los nobles como la entrega de mantas y alimentos y otros bienes que los Señores almacenaban en las islas del lago de Pátzcuaro y en sus trojes, ahora deberían de dirigirse para todos y almacenarse en las Guatáperas

Continuaron los tributos laborales pero ahora en función de nuevas obras públicas con gran trascendencia social como eran los templos y capillas, las Guatáperas, la mejora en los cultivos y en el trabajo artesanal. Persistieron así algunos oficios como los oficiales de hacer casas, los cacario canteros y pedreros, los uarurio diputados sobre los pescadores de red. 

Se mantuvieron también algunas ocupaciones, por ejemplo, la de los antiguos sacerdotes y carariecha, los pintores de códices, quienes, suprimiendo sus antiguas prácticas y ceremonias religiosas, fueron requeridos en los nuevos puestos de Cabildo como escribanos, traductores e informantes, dedicados al rescate de las lenguas y la historia. 

Los agrimensores tuvieron un importante papel en los nuevos repartos y deslindes de la tierra. El cargo del ocambecha—los antiguos cobradores de tributos, encargados también de contar y reunir a los trabajadores para las obras públicas—, continuaron con su labor recaudatoria del tributo, pero ahora con una organización más humana y cercana pues debían recabar solo a 25 casas a su cargo y luego acudir a un ocambechageneral que reunía el tributo de todos ellos. 

En 1541, en la cuenca lacustre de Pátzcuaro, así se hacía. Pero como señala atinadamente Carlos Paredes, “si bien es cierto que para el año 1586 aún persistía el cargo de los ocambetisy en épocas posteriores aparece recurrentemente en los registros de cuentas y otros documentos de las comunidades, sin embargo es muy posible que, a medida que se consolidaba el Cabildo indígena como institución básica de gobierno local, con todas las funciones y cargos conocidos, las tareas se hayan redistribuido al modo de los Cabildos españoles, quedando la responsabilidad última al gobernador de cada pueblo”[44].

Impulsor de empresas familiares

Se atribuye a Vasco el desarrollo de muchas empresas familiares, ya que supo entusiasmar a los habitantes de cada pueblo para que se especializaran en algo, proporcionándoles los maestros que les enseñaron los primeros pasos en la técnica artesanal. A la vuelta de los años, cada pueblo sobresalía por una actividad que hacía cada vez mejor, le daba prestigio y le permitía comercializar productos con sus vecinos. 

El primer obispo de Michoacán logró impulsar en poco tiempo toda aquella región. Es un hecho que a partir de 1540 los pueblos purépechas experimentaron un gran auge manifestado en muchos desarrollos urbanos, construcción de iglesias, conventos, plazas, hospitales y haciendas. A partir de entonces se inicia un proceso de generación de bienes y servicios que provocará que la región sea una de las zonas más ricas de la Nueva España en el siglo XVI.

Vasco de Quiroga promovió los oficios. En un Pueblo-Hospital era obligatorio aprender al menos dos, además de las tarea del campo. Invirtió recursos para llevar a Michoacán artesanos desde la Ciudad de México y logró convencer a algunos para que de España fueran a enseñarlos.

Hay referencias de muchos oficios impulsados por el  obispo. Así por ejemplo el de cortador y labrador de madera, de los que derivaron los carpinteros, hacedores de trojes, muebles caseros, canoas, carretas, bateas, barriles, cucharas, cuchillos, utensilios de cocina e instrumentos musicales como guitarras, violines, contrabajos, vihuelas, etc.

También enseñó el corte y labranza de canteras, tezontle y piedra, así como técnicas de albañilería. Favoreció también la creación de textiles: tejido de fibras diversas, bordado, cobijas, gabanes, sobreros, morrales y cestería.

Aprovechó las técnicas tarascas para lograr imaginería religiosa notable y fomento la orfebrería y la alfarería en todas sus expresiones, así como la herrería.

En la actualidad, al preguntar a muchos artesanos de dónde provienen sus técnicas de trabajo, contestan que fueron enseñadas por Don Vasco, e incluso hoy se pueden apreciar los vestigios de sus enseñanzas todo Michoacán:

Uruapan y Quiroga destacan por las lacas realizadas con las maderas regionales; Paracho, por las guitarras y otros instrumentos musicales además de muebles; Santa Clara por los utensilios —hoces, azadones, hachas, candelabros— de cobre; Erongarícuaro y Jarácuaro, por los sombreros de palma y los chinchorros de mallas para pescar; San Felipe, por la herrería y cerrajería; Nurio, Capacuaro y Aranza, por los tejidos de lana; San Juan Parangaricutiro, por el tejido bordado de las colchas. La alfarería se encuentra en Tzintzuntzan, Patambán, Santa Fe de la Laguna, Capula, Piñícuaro y Guango. Pátzcuaro, sobresale por sus artesanías, el uso de la pintura con colores naturales diluidos en aceite y la pintura de mosaicos de plumas de ave —colibrí— y en madera. En Quiroga hacen bateas; Oponguio y Yotátiro elabora metates y molcajetes. Las islas del lago de Pátzcuaro y sus pueblos ribereños obtuvieron como legado del que fuera  obispo de Michoacán, el perfeccionamiento de sus embarcaciones y la técnica de la malla y el chinchorro para explotar el filón, hoy casi extinguido, de la pesca del pez blanco.

La actividad de Teremendo es referida en uno de los escritos del obispo que informa que sus habitantes se dedican a “… adobar cueros y hacer jabón y sillas de caballo y zapatos y chapines y otras cosas de que ellos ganan de comer”. Aún hoy en día la vocación de Teremendo es la curtiduría de pieles y la zapatería.

Quien visita actualmente esa región podrá ver vestigios de lo que fue el desarrollo humano, cultural, comercial y religioso de esa zona. Pueblos de la meseta purépecha, como Nurio, Angahuan, Charapan y Sevina o los de la Cañada o Eraxamani como son Acachuen y Carapan, dan buena muestra de ello. En lugares como Tiripitío, Cuitzeo, Yuririapúnduraro, Ucareo, Zinapécuaro, Tarímbaro, Tenderícuaro, existen aún hoy en día, señales de lo que fue su progreso humano, económico y social.

En relación al proceso y desarrollo que experimentó la región en tiempos de Vasco, es vox populique todo aquello es fruto de su impulso. La palabra clave es “impulso” pues el humanismo de Vasco dio frutos muy rápido en acciones que imitaban lo que él estaba haciendo. Y lo que estaba haciendo era confiar en la capacidad de las personas en organizarse y trabajar por un bien común. Así que en muchos poblados les bastó una idea, una sugerencia, un primer impulso, quizá de labios del mismo Vasco, para desencadenar muchas cosas que hasta entonces les parecían impensables.

Es necesario recalcar que Don Vasco de Quiroga enseñó a muchos naturales de su diócesisque el trabajo no puede ser un fin en sí mismo y que su dignidad y libertad no proviene sólo de lo económico, sino de aquellos valores que se fomentan en la familia y en la vida social de cada pueblo.

Vasco de Quiroga fue el fundador de sólo dos instituciones en Michoacán: los pueblos-hospital y el seminario, a la vez que impulsó innumerables iniciativas que permitieron alcanzar un notable desarrollo económico en la región que mejoraron, sobre todo, el índice de felicidad de sus habitantes. Como trasmisor de la fe entendió muy bien la figura del laico y lo movió a actuar de modo responsable en beneficio de los demás.

Clúster de desarrollo regional

No tenemos, por desgracia, lo que debió de ser todo un plan de desarrollo elaborado por Vasco. Está claro que fue ejecutado por los mismos indios que, con un poco de impulso, fueron capaces de hacer realidad lo que un día fue sueño de un Vasco que creía en el hombre y que no necesitaba controlar nada porque confiaba en todos.

Lo que realizó Vasco en aquella región puede analizarse hoy en función de las mejores teorías económicas actuales sobre desarrollo sustentable. Basta señalar cuatro aspectos.

Primero: el modelo de Vasco no era solamente económico. La viabilidad económica está al servicio de una vida más digna, más interesante y más creadora. No en vano se ha creado un Índice de Desarrollo Humanoque va más allá del PIB, (Producto Interno Bruto). Producir artesanías admirables, con microempresas en una ciudad pequeña, con aire limpio, en contacto con la naturaleza, es una forma de vida y convivencia que vale mucho más que los pesos y centavos medidos por el PIB.

Segundo: Vasco no limitó el desarrollo de los pueblos a la agricultura. Las especialidades que asignaba a los pueblos no eran las agropecuarias, sino las de la industria ligera: artesanías de alta densidad económica (valor agregado por kilo) que, por lo mismo, son fácilmente exportables a los pueblos vecinos o remotos. Las artesanías pueden viajar y buscar mercados más amplios. El flete tenía un costo menor que el de los productos agrícolas. También eran bajos los costos de almacenaje y menores los riesgos perecederos de la mercancía, lo que permite una situación más favorable para la venta, pues el comprador sabe que el producto puede llevarse a vender a otra parte. Los productos agrícolas, en cambio, por ser perecederos requieren una venta rápida, y a veces valen menos que el transporte, por lo cual el vendedor se ve obligado a aceptar cualquier precio. En el modelo Vasco de Quiroga, los alimentos se producen para el consumo propio o local, no para exportar. 

Tercero: el plan de desarrollo de Vasco favorece la especialización y el intercambio entre distintas comunidades, según el principio de la ventaja comparativa. Tiene, además, ventajas semejantes a lo que supone hoy la marca: el prestigio de una pieza de cobre de Santa Clara, por ejemplo, es una garantía para los compradores y una ventaja para todo el gremio local. Esta concentración de muchos que hacen lo mismo en la misma ciudad, a diferencia de la concentración de uno que absorbe a todos en una sola empresa, propicia los azares favorables y la experimentación. También favorece la difusión tecnológica pues el ejemplo de los innovadores está a la vista de sus vecinos. Fomenta, además, el desarrollo de nuevos artesanos; la búsqueda de mejores mercados, así como compartir información sobre materias primas y herramientas. Un modelo así logra transformar la comunidad y la región. La especialidad actúa como un polo de desarrollo, que fue lo que sucedió con los pueblos michoacanos en el siglo XVI. 

Cuarto: Vasco de Quiroga es un gran generador de empleo y consigue el aumento de la productividad con poca inversión. Su impulso logra mucho trabajo y amor al oficio en múltiples unidades pequeñas de producción.Ahora que se han puesto en evidencia los rendimientos decrecientes de la burocratización y el gigantismo, el modelo humanista de Vasco de Quiroga puede ser, en el siglo XXI, la solución práctica a los problemas sociales que no hemos podido remediar.

Vida ejemplar

Conocemos algunos detalles de la vida de Don Vasco de Quiroga siendo  obispo gracias a Cristóbal Cabrera, quien estuvo a su lado los primeros diez años de su actividad episcopal como su secretario. 

Cabrera había trabajado a las órdenes del licenciado Quiroga cuando era Oidor y luego fue ordenado sacerdote por el mismo Vasco. Los últimos años de su vida decidió vivir en Roma donde escribió sus recuerdos, descubriendo algunas facetas de la vida diaria del primer  obispo de la diócesis de Michoacán: 

«Y sucedió muchas veces –cuenta su secretario-, que yendo yo después de la media noche a preguntarle a qué hora quería rezar los maitines, pues era costumbre que juntos rezáramos el oficio divino y canónico, respondía invariablemente: “rezaremos un poco después de hora y media; descansa todavía un poco en tu recámara; ya te llamaré yo, apenas termine lo que ahora estoy haciendo”. Estaba, en efecto, leyendo algo de la Sagrada Escritura o de los escritores eclesiásticos, o bien escribiendo»[45].

Luego de un día de intenso trabajo, pues no podía estar sin atender a todos los que acudían a él, las noches constituían su refugio que le permitía estudiar, contestar cartas o hacer anotaciones de experiencias o proyectos futuros, pero, eso sí, nunca dejaba de rezar.

«Cuando al fin terminábamos de rezar, y como quedase todavía algún tiempo antes de despuntar la aurora, así vestido como estaba, se entregaba a un ligero descanso, ya sentado en su propia silla, ya recostado en el lecho. De este modo, estando él casi siempre en vela, juntaba la noche con el día durante casi toda la semana; por eso es que apenas si se desvestía para reposar, excepto cuando tenía que cambiar de camisa por otra limpia. Así pues, este bueno, esforzado y hábil operario estaba tan continuamente ocupado en cultivar la viña del Señor que, emulando al Apóstol San Pablo, de muy buena gana se gastaba y se desgastaba hasta agotarse, con tal de lucrar para Cristo millares de almas. Y en tan santo apostolado este bueno y venerable Obispo a quien yo respeté como a padre y quien a su vez me trató como a hijo, no obstante mi indignidad, trabajó incansablemente hasta exhalar con la muerte de los justos su último suspiro, habiéndose ocupado siempre en convertir y ganar para Cristo innumerables almas de infieles»[46].

Nunca le preocupó tener casa digna de  obispo, le bastaba un pobre lecho o una dura silla. No tuvo sirvientes, en todo caso, le bastaba y sobraba la ayuda que le proporcionaba Cristóbal Cabrera su secretario. Era hombre austero que tomaba los necesarios alimentos y los compartía siempre con quien tocara a su puerta.

«Nunca se gozaron en su mesa las delicias del vino, pues siempre fue frugal y abstemio».

Del dinero nunca se preocupó. En cambio, la adquisición de los medios necesarios para impulsar el desarrollo de los indios fue su ocupación constante. 

«Este santo varón, que despreciaba las riquezas y llevaba una vida frugal, que no tenía más ambiciones que la de convertir infieles por amor a Dios, empleó para ese fin en obras buenas y piadosas, con suma liberalidad y alegría, todo el sobrante del salario que recibía del Rey como paga por su oficio de Oidor, y luego siendo ya Obispo, cuanto podía adquirir por razón de obvenciones y de réditos eclesiásticos. Efectivamente, de su propio peculio compró y cultivó las tierras de dos pueblos, los cuales situados cerca de las dos grandes ciudades de México y de Michoacán, fueron formados también a sus expensas; pues en ellos edificó y acondicionó edificios destinados para hospedar, alimentar e instruir en la fe a los infieles venidos de cualquier parte. Y así, ambos pueblos que por su industria y esfuerzo estaban tan bien cuidados y provistos de lo necesario, vinieron a ser como dos bautisterios y dos escuelas generales de catecismo. A uno y otro conviene perfectamente el título, por demás insigne e ilustre, que él les puso de Santa Fe».

Don Cristóbal Cabrera cuenta las consecuencias prácticas que tenía esa vida desprendida de los bienes materiales.

«Pongo por testigo a la misma verdad, a Cristo Nuestro Señor, que durante el tiempo que con dicho Prelado viví, nunca vi en sus manos alguna moneda acuñada de oro o plata; es más, ni siquiera sabía a cuántas monedas o dracmas equivalía un sueldo de oro. Todo cuanto adquiría por razón de obvención eclesiástica era guardado por un ecónomo, quien, de no ser honrado, hubiese tenido facilidad de sustraer una buena parte. Pues el único motivo que había para contar lo existente, era que él dijera si había o no para gastar».

Su vida estaba dedicada a los demás. Si no estaba atendiendo a quien acudía a él, preparaba lo que debía hacer después, componiendo un sermón, una clase o un canto. Estudiaba, rezaba y se entretenía viendo el desarrollo del trabajo de los indígenas a quienes animaba de continuo. Aprovechaba el tiempo y no lo tenía para él o para sus cosas. «Nunca vi a este santo obispo entregado a una vida placentera, por el contrario, era siempre un vivo retrato del hombre trabajador, esforzado y virtuoso».

Pasión por el derecho

Se puede calificar a Don Vasco como un hombre con pasión por el derecho tanto por la manera de ejercerlo como por los sufrimientos que le causó, ya que lo estudió, lo aplicó y buscó que los demás se guiaran por la ley, pues el Estado de Derecho es la única forma posible de convivencia entre los hombres.

Don Vasco de Quiroga –por vocación y profesión– pasó su vida solucionando problemas jurídicos y procurando que todos, sin excepción, cumplieran la ley. Distinguía perfectamente el ámbito religioso del civil, así como lo que constituía un trabajo profesional sin mezclar asuntos internos con externos, buscando siempre el cumplimiento responsable de las obligaciones personales.

Muchos de los conflictos que debió resolver no fueron provocados por su persona, pero tuvo que enfrentarlos como  obispo y cabeza de su Diócesis. En cada circunstancia buscó la verdad y la aplicación de la justicia, pues en su condición de obispo buscó la unidad de gobierno y el ejercicio responsable de su potestad de jurisdicción.

En cuanto a su tarea como  obispo y pastor, era muy consciente que le correspondía, según las normas del derecho y las facultades que le dio el Papa, determinar lo referente a la administración de los sacramentos, el nombramiento de párrocos, lo relativo a los diezmos y cualquier asunto relativo a la fe y costumbres.

Es por eso que tuvo que enfrentar pleitos jurídicos con otros obispos por asuntos relacionados con límites territoriales; con algunas órdenes religiosas debió tomar decisiones respecto de los diezmos, así como sobre la administración de los sacramentos, ya que algunos querían actuar por su propia cuenta ignorando al  obispo. Sería injusto decir que los religiosos no ayudaron en la labor pastoral de Don Vasco de Quiroga, pero algunos franciscanos y agustinos causaron problemas durante su gestión en la diócesis de Michoacán.

Asimismo, tuvo discrepancias con el Virrey Antonio de Mendoza quien pretendió actuar en su territorio en asuntos de su exclusiva competencia. De hecho, Don Vasco se vio obligado a regresar a España entre los años 1547 a 1554 con objeto de exigir a la Corona Española respeto y cumplimiento a ciertos decretos concedidos por el Rey Carlos V.

De igual forma, sostuvo largas y penosas controversias con el Marques del Valle, Martín Cortés, hijo del conquistador Don Hernán Cortés, quien pretendió despojarlo del Pueblo de Santa Fe de los Altos y con Juan Infante, un terrateniente que buscó hacerse con las tierras de sus pueblos-hospital en Michoacán.

Fallecimiento

El miércoles 14 de marzo de 1565 en Pátzcuaro, falleció Don vasco de Quiroga a la edad de setenta y siete años de edad.

Durante algún tiempo se creyó que había muerto en Uruapan debido a un documento de 1776 escrito por Juan Ioseph Moreno. Sin embargo, testimonios de 1573 relatados por canónigos, clérigos y vecinos de Pátzcuaro afirman haberse encontrado presentes en el momento de su muerte lo que hace improbable que la muerte haya acaecido en otro lugar.

En la Iglesia de Santa Fe de la Ciudad de México existe una pintura al óleo, fechada en 1737, que representa a Don Vasco de Quiroga con una leyenda en latín: «Obit in civitate de Pascuaro anno Domini 1565, aetatis sue 95»: «Murió en la ciudad de Pátzcuaro en el año del Señor 1565 a la edad de 95 años». 

Aunque parece estar probado que nació en 1488 y murió a los setenta y cinco años, de haber alcanzado los noventa y cinco años de edad -como algunos sostienen- su actividad pastoral de los últimos años tuvo un mayor mérito.

Los frutos de la santidad

Al contemplar la amplia y profunda labor de Vasco de Quiroga, como un testigo ejemplar de la trasmisión e inculturación de la fe en el nuevo mundo, surge una pregunta inquietante: ¿cómo pudo hacer todo esto? 

Está claro que Don Vasco no dispuso de grandes recursos materiales y, en su tiempo, los medios de traslación eran lentos y los de comunicación escasos. Sin embargo, la respuesta es clara: por su vida santa.

«Algunos preguntarán cómo llevar a cabo todo esto. No se trata de inventar nuevas estrategias, casi como si el Evangelio fuera un producto para poner en el mercado de las religiones sino descubrir los modos mediante los cuales, ante el encuentro con Jesús, las personas se han acercado a Él y por Él se han sentido llamadas. Estamos, además, convencidos de que la fuerza del Espíritu del Señor puede renovar su Iglesia y hacerla de nuevo esplendorosa si nos dejamos transformar por Él. Lo muestra la vida de los santos, cuya memoria y el relato de sus vidas son instrumentos privilegiados de la nueva evangelización».[47]

Se comprueba, una vez más, como señalaba el beato Álvaro del Portillo, que «los llamados hombres prácticos no son los más útiles a la Iglesia de Jesús, como tampoco lo son los meros pregoneros de teorías, sino más bien los verdaderos contemplativos, que poseen una pasión lucidísima e infatigable: divinizar y transfigurar en Cristo y con Cristo toda realidad creada. No es paradójico, por tanto, afirmar que sólo la mística resulta verdaderamente práctica en la Iglesia de Jesús»[48].

Fama de santidad

La fama de santidad de Vasco de Quiroga ha sido siempre espontánea, estable, continua y difundida entra personas dignas de fe y se ha extendido a lo largo de la historia entre una parte significativa del pueblo de Dios, y son muchos los feligreses quienes le muestran una notable veneración, sin culto público, no sólo en el Estado de Michoacán y en toda la nación mexicana, sino en muchas partes del mundo.

Existe un sinnúmero de testimonios, así como con una difundida opinión de personas que sostienen que, desde el momento de su muerte hasta nuestros días, hay signos claros acerca de gracias y favores recibidos a través de la intercesión del Siervo de Dios Vasco de Quiroga.

Quienes lo conocieron y trataron coinciden en que supo vivir las virtudes en un grado heroico. De los muchos testimonios que a esto se refieren destacan los de algunos de sus contemporáneos, por ejemplo, Fray Juan de Zumárraga, primer Arzobispo de México, quien en Carta enviada al Rey Carlos V de España –en 1537–, anotó:

«De la elección que S.M. hizo en la persona del licenciado Quiroga para Mechuacán tengo por cierto y siento con muchos que ha sido una de las acertadas que S.M. ha hecho en estas partes para llevar indios al Paraíso, que creo que S.M. pretende más esto que el oro y plata. Porque crea que al amor visceral que este buen hombre les muestra, el cual prueba bien con las obras y beneficios que de continuo les hace y con tanto ánimo y perseverancia, que nos hace ventaja a los prelados de acá»[49].

Muy significativo también es el testimonio de Don Manuel Flores, primer Deán de la Catedral de México, contemporáneo deVasco de Quiroga, quien afirmó que «tiene por muy cierto y cree piadosamente que el licenciado Quiroga jamás advertidamente hizo obra que fuese pecado mortal, y que era tan atento al servicio de Dios y cumplimiento de su ley y consejos evangélicos que le parecía no había Religioso en estos reinos ni en otros que le hiciese ventajas en vivir religiosa y perfectamente»[50].

Otro testimonio de aquél tiempo fue el de Fray Bernardino Vázquez de Tapia, quien desconociendo la mentalidad laical, se refirió al Licenciado Vasco afirmando que «más servía para fraile que para oidor y juez»[51].

Sus compañeros de trabajo -los integrantes de la Segunda Audiencia-, que lo conocieron como laico, licenciado en derecho, que desempeña su trabajo profesional en su puesto de Oidor y Juez dicen «el Licenciado Quiroga (…) es hombre virtuoso, buen cristiano y muy celoso del servicio de Dios»[52].

Cuenta su primer biógrafo, Cristóbal Cabrera -quien vivió junto a Don Vasco más de una década- la impresión que tenían los indios de Vasco de Quiroga, por su bondad y los favores que les hacía.

 «Quedaron los nativos tan impresionados con todos esos favores, que no cesaban de admirar la bondad y liberalidad del Obispo. Su amor hacia él aumentaba de día en día, mientras este piadoso Pastor y padre a su vez, cual otro San Pablo, los llevaba a todos en sus entrañas hasta ver a Cristo formado en ellos (Gálatas 4, 19)»[53].

Cristóbal Cabrera también refería la fama de santidad que tenía el prelado entre los indios: «Cuando aquellos innumerables indios –ya instruidos en la fe y bautizados– volvían a sus casas y daban a conocer a otros indígenas infieles la bondad y nobleza, la compasión y generosidad del Obispo, la fama de este celebérrimo varón cundía por todas parte llegando hasta regiones y fracciones distantes, y de tal modo se divulgaba de boca en boca, que muchos indios, humanos y bárbaros, a los que ningún ejército había podido dominar, sujetar o vencer, tan sólo por la fama de este santo Obispo, espontánea y libremente acudían y se acercaban a él, dando grandes muestras de regocijo. Yo mismo fui testigo de cómo estas multitudes de nativos venían a buscarle»[54].

Juan de Grijalva comentaba el celo con el que Vasco de Quiroga reemprendió su trabajo pastoral al regresar de España, luego de llevar a cabo gestiones en la Corte a favor de los naturales:

«cuando volvió de España para dar asiento a las cosas de su Iglesia, lo hizo con una gran santidad y perfección que en ninguna cosa le hayo inferior a aquellos Santos Padres antiguos que gobernaban la Iglesia en sus principios»[55].

Al respecto, es necesario mencionar el elogio que San Juan Pablo II hizo de Don Vasco en 1990, con ocasión de su segunda visita pastoral a México.

«Diversas figuras, llenas de profundo espíritu de fe y de gran valor humano, pueden servirnos de guía para la renovada evangelización a la que ha sido llamada la Iglesia en América Latina. Recordemos por ejemplo a don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán. Desarrolló su misión episcopal como auténtico padre de los tarascos, por lo que aún se le llama con cariño “Tata Vasco”. Con afecto de padre se entregó enteramente a la educación y promoción de los fieles que el Señor le había encomendado; sus “hospitales” eran mucho más de lo que hoy indica ese nombre, porque incluían escuelas, talleres, almacenes e instrumentos de labranza, etc. Aún hoy día podemos apreciar la herencia cultural y cristiana de su heroica labor misionera y civilizadora a favor de las poblaciones michoacanas. He aquí un modelo de evangelizador, digno de un puesto de relieve entre los grandes pioneros de la acción misionera»[56].


[1]Nombre cariñoso con los que los indios tarascos o purépechas designan a su padre.

[2]Muy probablemente falleció en Pátzcuaro. Algunos sostienen que entregó su alma a Dios en Uruapan, pero no hay fundamentos históricos para sostenerlo.

[3]No hay acuerdo sobre el año en que vio la luz primera Vasco de Quiroga. Algunos autores han aventurado que nació en 1470. Otros fijan su nacimiento entre 1477 y 1479. Nosotros sostenemos como año muy probable de su nacimiento el de 1488. (Cfr. Arce Gargollo, Pablo, Vasco de Quiroga, jurista con mentalidad secular, Porrúa, México (2007): 5-6). Así que vivió setenta y siete años, de haber nacido en 1488, o alcanzó los noventa y cinco años de edad si se atiende a la fecha que aparece en su epitafio. 

[4]Carta al Consejo de Indias, México, 8 de febrero de 1537, en García Icazbalceta, Joaquín, Don Fray Juan de Zumárraga, México, Porrúa, México, (1947), t.4, doc. 12: 143.

[5]Arnaldo de Yssasi, Francisco, Demarcación y Descripción de Michoacán (1649), Bibliotheca Americana, september 1982, vol. I, n. 1, pp. 61-204.El manuscrito se localizaen la “Ayer Collection of Americana”, MS 1106.

[6]Aguayo Spencer, Rafael., Don Vasco de Quiroga. Documentos, México, (1939): 432.

[7]AGI, Patronato, leg. 184, ramo 13, en Paso y Troncoso, Epistolario de Nueva España,México, (1939),t. 16, p. 20.

[8]Cabrera, Cristóbal, De solicitanda infidelium conversione, Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 5026, ff. 29-50v, cap. XIV. Cfr. Arce Gargollo, Pablo, Vasco de Quiroga, jurista con mentalidad secular, Porrúa, México 2007, Apéndice I, n. 23.

[9]De solicitanda infidelium conversione, op. cit., n. 16

[10]Grijalva, Juan de, Crónica de la orden de N.P.S. Agustín en las Provincias de la Nueva España en cuatro edades desde 1533 hasta el de 1592, (México, 1624), México, Porrúa, 1985, p. 155.

[11]San Juan Pablo II, Homilía, Veracruz, 7 de mayo de 1990

[12]Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota pastoral, 6-I-2012, II, 5.

[13]Benedicto XVI, Homilía, 28 de octubre de 2012.

[14]Dürer, Albrecht, Diario en los Países Bajos (1520-1521), Camiño do Faro, (2007). Fragmentos publicados en Acuña, Luis Alberto, “Alberto Durero y el arte indígena americano”, Revista de la Universidad de Colombia, (2010): abril.

[15]Carta de los oidores Salmerón, Maldonado, Ceynos y Quiroga a la Emperatriz(30 de marzo de 1531) en García Icazbalceta, Joaquín, Don Fray Juan de Zumárraga, Porrúa, México, (1947), t.4, doc. 16: 283-299.

[16]Carta al Consejo de Indias, México, 8 de febrero de 1537, en García Icazbalceta, Joaquín, Don Fray Juan de Zumárraga, Porrúa, México, (1947), t.4, doc. 12: 143.

[17]Carta al Presidente del Real Consejo del licenciado Quiroga oidor de aquella Audiencia en la que comenta diversos asuntos, en Escobar Olmedo, Armando Mauricio, Epistolario y Documentos diversos de Don Vasco de Quiroga, Consejo Editorial de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, Gospa editorial, Morelia, México (2013): 85-91.

[18]Ibíd.

[19]Ibíd.

[20]Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe en México y Michoacán. Dispuestas por su fundador el Rmo. y Venerable señor Don Vasco de Quiroga, primer Obispo de Michoacán, Talleres Gráfico de la Nación, México, (1940), XVIII, n. 2.

[21]Ibíd., n. 3.

[22]Cfr. Cervantes, Efrén, Vasco de Quiroga visto desde Pátzcuaro, ed. Basílica de Nuestra. Sra. de la Salud, Pátzcuaro, (2012).

[23]Fueron encontradas, en desorden, en 1776 por Juan Joseph Moreno y han sido publicadas tal como se encontraron por Talleres Gráfico de la Nación, México, (1940). Un interesante ejercicio que intenta darles un orden más lógico, en donde se suprimen repeticiones, ha sido elaborado por Pablo Arce Gargollo en Vasco de Quiroga, jurista con mentalidad secular, Porrúa, México, (2007).

[24]AGI, Patronato, leg. 184, ramo 13

[25]Moreno, Juan Joseph, Fragmentosde la Vida y Virtudes del V. Illmo. Y Rmo. Sr. Dr. Don Vasco de Quiroga Primer Obispo de la Santa Iglesia Catedral de Michoacán y Fundador del Real y Primitivo Colegio de S. Nicolás Obispo de Valladolid, Impreso en México en la Imprenta del Real y más antiguo Colegio de San Ildefonso, (1766): 29

[26]Juicio de Residenciaen García Icazbalceta, Joaquín, Colección de documentos para la historia de México, Porrúa, México (1980) t. 3, doc. 30: 86 ss.

[27]Méndez Arceo, Sergio, “Contribución a la historia de Don Vasco de Quiroga”, Abside, 4 (1941): 63.

[28]Vasco de Quiroga, Carta Pastoral de 1554.

[29]Información hecha por la Justicia Mayor de esta ciudad de pedimento del Señor Obispo, Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia Catedral sobre la necesidad que el Colegio de San Nicolás tiene y prueba provecho que de él se sigue, Michoacán 1576: AGI, leg. 23, ramo 2, n. 17.

[30]Besalenque Diego de, Historia de la provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán, México, (1963): 214.

[31]Carta de Fray Juan de Zumárraga al Consejo de Indias, México 8 de febrero de 1537, en García Icazbalceta, Joaquín, , Don Fray Juan de Zumárraga, primer obispo y arzobispo de México, México, Porrúa, (1947), t. 4, doc. 12: 239,.

[32]Citado por Martín Hernández, Francisco, Don Vasco de Quiroga, Protector de Indios, Universidad Pontificia de Salamanca, España, (1993): 203.

[33]Cabrera, Cristóbal, De solicitanda infidelium conversione, Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 5026, ff. 29-50v, n. 2.

[34]Ibídem. n. 35

[35]Cfr. Muriel,, Josefina, Hospitales de la Nueva España. Fundaciones del siglo XVI, Editorial Jus., México, (1956), t. 2:232.

[36]Besalenque Diego de, Historia de la provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán, México, (1963): 56-57.

[37]El que no necesita descalzarse ante Moctezuma. Zuangua murió de viruela en 1520 y le sucedió en el gobierno su hijo Tzintzincha Tagaxoan.

[38]Así lo sostiene Warren, Bendict, The Conquest of Michoacán, Univ of Oklahoma 1985, Chapter 5, pp. 84.

[39]Los beneficios de la alianza incluía que los nobles pudieran usar el tratamiento honorífico de “don” antepuesto en sus nombres, la posibilidad de usar cabalgadura, la promesa de defensa armada, cierto tipo de gobierno con jurisdicción reducida, una tasa especial en el pago de tributo y permanencia de algunas ceremonias siempre que no incluyeran sus ídolos. Cfr. López Serrelange, Esmeralda, La nobleza Indígena de Pátzcuaro en la Época Virreinal, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964, pp. 109-149.

[40]Hay, al respecto, un informe de Antonio de Carvajal redactado in situentre 1523-1524. Una primera regularización de las tasaciones de tributos se hizo en 1528.

[41]Crónicas de la Conquista del Reino de Nueva Galicia en territorio de la Nueva España, “Relación sobre la Jornada que hizo Nuño de Guzmán, de la entrada y sucesos de la Nueva Galicia, hecha por Pedro Carranza”, pp. 154-180.

[42]El dibujo fue reproducido en una copia hecha en 1792 que se conserva en el Archivo General de la Nación en México, D. F. y que se publicó en 1932: Beaumont, Pablo, Crónica de Michoacán,[escrita hacia 1778-1780], 3 volúmenes, Archivo General de la Nación, México, 1932, v. 3. p. 218.

[43]La participación de los indígenas en la vida social ha sido muy bien estudiada por: Paredes Martínez, Carlos: “La nobleza Tarasca: poder político y conflictos en el Michoacán colonial”, en Anuario de estudios Americanos, 65, 1, enero-junio, 101-117, Sevilla, 2008.

[44]Paredes Martínez, Carlos: “La nobleza Tarasca: poder político y conflictos en el Michoacán colonial”, en Anuario de estudios Americanos, 65, 1, enero-junio, 101-117, Sevilla, 2008, pp. 109-110.

[45]Cabrera, Cristóbal, De solicitanda infidelium conversione,Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 5026, ff. 29-50v, n. 33.

[46]Las siguientes citas provienen de su secretario Cristóbal Cabrera. Cfr. ibídemnn. 33-35. 

[47]Mensaje al Pueblo de Dios, como conclusión de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, 26 octubre 2012, nn. 4 y 5.

[48]Del Portillo, Beato Álvaro, L’Osservatore Romano, Ciudad del Vaticano, 23-VI-1985.

[49]Carta al Consejo de Indias, México, 8 de febrero de 1537, en ICAZBALCETA, Joaquín, Don Fray Juan de Zumárraga, México, Porrúa (1947), t. 4, doc. 12: 143.

[50]Arnaldo de Yssasi, Francisco, Demarcación y Descripción de Michoacán (1649), Bibliotheca Americana, september 1982, vol. I, n. 1, pp. 61-204.El manuscrito se localizaen la “Ayer Collection of Americana”, MS 1106.

[51]Aguayo Spencer, Rafael, Don Vasco de Quiroga. Documentos, México, (1939): 432.

[52]AGI, Patronato, leg. 184, ramo 13, en Paso y Troncoso, Epistolario de Nueva España,México, (1939),t. 16: 20.

[53]Cabrera, Cristóbal, De solicitanda infidelium conversione, Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 5026, ff. 29-50v, cap. XIV. Cfr. Arce Gargollo, Pablo, Vasco de Quiroga, jurista con mentalidad secular, Porrúa, México (2007), Apéndice I, n. 23.

[54]De solicitanda infidelium conversione, Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 5026, ff. 29-50v, n. 16.

[55]Grijalva, Juan de, Crónica de la orden de N.P.S. Agustín en las Provincias de la Nueva España en cuatro edades desde 1533 hasta el de 1592, (México, 1624), México, Porrúa, (1985):155.

[56]San Juan Pablo II, Homilía, Veracruz (7 de mayo de 1990).